Teoría económica para la nueva conciencia-13


LOS OJOS DEL HOMBRE DE LA TIERRA FUERON VELADOS, POR ELLO PERDIÓ SU SABIDURÍA:

Los formadores Ixquic y Hunahpú habían hecho a los hombres de esa tierra de la parte más nebulosa de su propia naturaleza, pero con sus mismos principios intermedios pues los formaron separándolos de sí mismos, de su propia energía. Por eso los hombres formados fueron muy sabios; casi tanto como sus propios formadores.

Esto ocurrió porque al ser de la misma naturaleza que los formadores evolucionaron enseguida, y conectaron directamente con el espíritu de la Acedera que estaba en la dimensión interior de Hunahpú, que se encontraba aún en Xibalbá.

Pero esto no debía ser así. Si se hubiera permitido se hubiera unido al Hunahpú como un sólo ser antes de que terminara la creación. Aún no era el momento de que el hombre de la tierra tuviera sabiduría. El momento llegaría cuando terminara su evolución. Digamos que fue accidental que fuera tan sabio antes de tiempo. Lo que ocurrió fue que todos los intentos de hacer hombres habían salido mal. Y al final, tuvieron que hacer al hombre de esa tierra de los mismos principios intermedios del hombre del cielo. Y eso conllevó que adquiriera sabiduría antes de tiempo.

Para solucionarlo decidieron velarles los ojos para que pudieran continuar con lo que estaba previsto en la creación, y además para intentar evitar que los de Xibalbá se pudieran convertir en el hombre de la tierra si obtenían sus principios.

Huracán sopló sobre sus sentidos interiores un velo del fuego de la madera, inferior al de la Acedera. Y ese velo le impedía conectarse con su ser, con su yo interior. Dejaron de ver su dimensión interior. El velo era temporal y desaparecería cuando el Hunahpú subiera a habitar el cielo en el plano interior del hombre, no ahora que aún estaba en Xibalbá. Quedaron sin poder usar sus sentidos interiores.

Debían unirse a las mujeres formadas en el cielo, y multiplicarse para engendrar muchas tribus de hombres que poblarían la tierra. Luego debían esperar todos manteniéndose unidos como un sólo ser a que el Hunahpú subiera al cielo interior de Ixmucané.

Cuando esto ocurriera debían conectarse todos con él desde la tierra como un sólo ser. Así constituirían un sólo hombre en dos dimensiones; un hombre múltiple de la tierra con un sólo sol o yo interior que los iluminaría con la sabiduría desde dentro de sí mismos, desde su propio centro o cielo. Volverían a ser sabios; más sabios aún que cuando fueron creados. Pero tenían que esperar.

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UNIÓN DEL HOMBRE FORMADO Y DE LA MUJER FORMADA:

Si volvemos un poco atrás, recordaremos que cuando Tepeu-Gucumatz-Huracán trató de hacer al hombre, salió mal porque quiso hacerlo a partir de los espíritus de los árboles y de las lianas como elemento intermedio.

Y no debían ser los espíritus de los árboles y las lianas el principio intermedio del hombre, sino los espíritus del cereal, que eran espíritus de las plantas alimenticios, sabios, capaces de multiplicarse y unirse como un sólo ser. Los hombres necesitaban poder hacer todo eso; tanto el hombre de la tierra como el del cielo que es el yo interior o el ser del hombre de la tierra.

Tampoco salió bien cuando Ixpiyacoc e Ixmucané quisieron utilizar como elemento intermedio los espíritus de los arbustos unido a los de las plantas de cereal. Sólo salió bien cuando utilizaron como elemento intermedio los espíritus alimenticios de las plantas de los cereales unidos a los de la espadaña.

Las plantas de los cereales procedían del cielo, y las de la espadaña del agua dulce la tierra. Ambos, el hombre del cielo y el de la tierra, tenían que tener elementos del cielo y de la tierra.

Del mismo modo, cuando Tepeu-Gucumatz-Huracán quiso hacer al principio la sombra del hombre vegetal, destinaron para ello a los espíritus de los animales cuadrúpedos y serpientes. Ésto tampoco salió bien, porque sólo la energía luminosa de los espíritus de los animales debía ser la sombra del hombre del cielo. Pero los espíritus de los animales grandes no evolucionaron. El espíritu de la naturaleza, Ixmucané, tuvo que intervenir, y mediante el diluvio se recogieron como un sólo ser las energías luminosas de todos los animales primeros de la creación.

Por eso Hunahpú, antes de bajar a Xibalbá, colocó dentro de Ixquic a los espíritus de los animales de Ixbalanqué para que fueran la sombra del hombre del cielo; es decir, la sombra del elemento intermedio formado de espíritus de cereal y espadaña, la parte Tepeu del hombre del cielo.

Y cuando Tepeu-Gucumatz-Huracán quiso hacer la mente superior del hombre a partir los espíritus de los árboles, destinó para ello a los espíritus de los animales pequeños. Pero no salió bien. Al final, el lugar de los espíritus de los animales pequeños era ser la sombra del hombre de la tierra, y los guardianes de todos los bosques.

Por último, cuando quiso hacer la mente superior del hombre a partir de los espíritus de las lianas, destinó para ello a las aves. No salió bien y las aves dieron problemas intentando ser ellas el hombre y estableciendo uniones incorrectas, como Vucub-Caquix, el guacamayo, o los Buhos de Xibalbá. El yo o mente superior del hombre del cielo se hizo finalmente del espíritu de las plantas alimenticias medicinales llamado Acedera.

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Ahora acababan de formar también al hombre de la tierra. Era puro elemento intermedio del hombre del cielo procedente de los espíritus del cereal y los de la espadaña unidos en un sólo ser masculino. Y además tenía su sombra, o parte Ixbalanqué, que eran los espíritus de los animales pequeños.

Les faltaba aguardar a que el Hunahpú completo subiera al cielo interior y conectarse con él como su sombra. El Hunahpú era en sí mismo la unión de todos los principios superiores que completarían al hombre de la tierra.

Mientras se unía con el Hunahpú, al hombre de la tierra sólo le faltaba una cosa. Unirse a un ser que tuviera una mente intermedia femenina equivalente a la de Ixquic, con una mente o yo superior femenino equivalente a la del espíritu de la Acedera. Les faltaba por tanto unirse a unos seres femeninos de fuego, aire, tierra y agua. ¿Dónde buscarlos?

Los espíritus de las aves de la tierra contenían los elementos aire y fuego. Pero habían demostrado su tendencia a la soberbia y a la regresión. Los que no habían muerto en el diluvio habían sido unidos por Hunahpú-Ixbalanqué al árbol de Canté. El resto de los espíritus de las aves se había ido a Xibalbá. No había espíritus de las aves adecuadas en la tierra para que entraran en la formación de la mujer.

Los espíritus de las aves de la tierra no podían ser. El elemento intermedio del agua de la tierra no podía ser tampoco porque Ixquic ya se había unido al Hunahpú, y ellos la tenían ya en su composición como seres masculinos con el elemento intermedio completo. Los espíritus del agua de los arroyos y fuentes, y los de los peces, tampoco podían ser, porque ya no tardarían mucho en unirse al Hunahpú en Xibalbá. Con ello el Hunahpú tendría el elemento tierra completo dentro de Ixbalanqué, que contendría la luminosidad de todos los animales de la tierra.

Por ello, Ixmucané decidió que las esposas para el hombre de la tierra serían las mujeres creadas en el cielo. Y así, los espíritus femeninos de las aves pequeñas y grandes, del agua y de las criaturas del agua bajaron desde el cielo interior de Ixmucané donde habían sido creadas hasta la tierra. También bajaron los espíritus femeninos de las otras criaturas del cielo necesarios para completar al hombre.

Estas fueron sus esposas. Estaban formadas de energía luminosa del cielo de Ixmucané. Tenían las mismas partes y los mismos elementos que el Hunahpú, sólo que femeninos. Completarían al yo intermedio y al yo superior del hombre de la tierra uniéndose a él como esposas.

Cuando bajaron a la tierra sus esposas, ambos se unieron, y engendraron hijos. Estos hijos fueron el hombre completo de la tierra masculino-femenino, que tenía todos los principios del hombre de la tierra y de las mujeres del cielo. Sólo les faltaba completarse con los los principios del Hunahpú, cuando ascendiera a la dimensión interior del cielo de Ixmucané. Sólo les faltaba esa iluminación interior, puesto que ya estaban completos, incluida su sombra de los espíritus de los animales pequeños unidos como un sólo ser.

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NUESTROS PRIMEROS ABUELOS Y ABUELAS ERAN ESPÍRITUS:

Los hombres de la tierra de los que estamos hablando eran ESPÍRITUS cuando fueron formados allí, en la zona de las montañas de esa tierra espiritual. Entre esos hombres que hicieron los creadores y formadores estaban los abuelos de los hombres que vivimos aquí en nuestro planeta; y por tanto eran espíritus.

Los nombres de nuestros abuelos eran diferentes cuando nacieron, porque el nombre expresaba antiguamente la naturaleza o el ser de quien lo llevaba. Pero la naturaleza de nuestros abuelos por desgracia cambió y se volvió diferente de como habían sido creados.

El nombre que diremos fue el de la segunda naturaleza ya cambiada de unos de nuestros abuelos, porque los hombres de este planeta descienden de ellos y de muchos más hombres que les acompañaban como veremos. Los que nombramos fueron pues unos de nuestros abuelos pero no los únicos. Estos fueron los que causaron que ese cambio de naturaleza se produjera. El cambio de naturaleza sucedió por unos motivos muy concretos que explicaremos. El nombre de estos abuelos nuestros era:

Balam Quiché, que significa, Jaguar de los bosques.
Balam Acab, que significa, Jaguar nocturno.
Mahucutah, que significa, El que no fue tallado.
Iqui Balam, que significa, Jaguar de la Luna.

Y el nombre de sus esposas correspondientes en el mismo órden, fueron nuestras abuelas:

Cahá Paluna, que significa, La de la casa del agua que baja de lo alto.
Chomihá, que significa, La de la casa de las criaturas del agua.
Tzununiha, que significa, La de la casa de los colibríes.
Caquixahá, que significa, La de la casa de las guacamayas.

Aquellos espíritus, hombres y mujeres entre los que se encontraban nuestros abuelos quedaron con los ojos velados. Entonces los creadores y formadores los instalaron en la zona de los valles y los lagos de la tierra.

Fueron los que engendraron a todas las tribus de hombres de aquella tierra, que también eran espíritus como ellos. Fueron muchísimas las tribus de hombres engendrados pues eran muchos los hombres formados y también eran muchas sus mujeres.

Terminada esa parte de la evolución, pues ya se habían multiplicado. Aguardaban a que subiera al cielo el Hunahpú para conectarse con él. A pesar de tener los ojos velados actuaban correctamente porque se guiaban por su mente intermedia procedente de Hunahpú e Ixquic. Por lo que todos estaban unidos como un sólo ser formado por muchísimos hombres y mujeres, tenían un mismo sentir y una misma forma de pensar.

Por eso, cuando hablaban entre sí se comprendían y hacían las cosas correctamente. A eso se le llamaba tener una sola lengua; y esa lengua que todos sabían y hablaban era “la palabra”, la verdad sobre la creación como un sólo ser humano y la forma de evolucionar correctamente.

Aunque no veían la dimensión interior actuaban, pensaban y sentían en función de su ser y recodaban la verdad. Su tendencia era a seguir a su energía luminosa hacia el centro de sí mismos.

Sabían cual era la señal de que la iluminación iba a comenzar y por tanto observaban esperando esa señal. A la sabiduría se le llama luz porque es la que permite ver y conocer como es el mundo. Pero esta luz tiene dos fases. A la primera se le llama el amanecer o la aurora, y es cuando se comienza a ver un poco de luz interior, y a obtener un poco de visión de la dimensión interior y de sabiduría.

La segunda fase se llamaba la salida del sol porque es la que ilumina los pasos del hombre. Y consistía en que caía el velo de los ojos, y entonces podían ver la dimensión interior completamente porque recuperarían sus sentidos interiores y comprenderían el sentido de la creación como un sólo ser humano.

A lo contrario, a ver sólo la dimensión en la que estaban, se le llamaba oscuridad. Exceptuando el breve lapsus en que el hombre de la tierra veía y comprendía todo igual que los creadores y formadores antes de que le velaran los ojos, toda la creación de todos los seres había transcurrido en la oscuridad.

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Mientras esperaban la señal del amanecer interior, vivían en la zona de los valles y lagos de la tierra. Algunas veces veían a otros seres distintos de ellos que caminaban y caminaban, siempre de lugar en lugar por los montes de la creación; siempre caminando pero sin llegar a ninguna parte porque no había un lugar para ellos al no colaborar con la creación. Eran los espíritus de los animales primeros y los genios que no se habían unido correctamente y vagaban errantes por los montes de la tierra, sin una meta común con los demás seres de la naturaleza.

Eran individuos aislados o grupos que sólo tenían intereses individuales o grupales fuera de las conexiones naturales. Seguían a su energía nebulosa y por ello se mostraban ajenos a la creación o ser humano, y por tanto a la vida. Los hombres de la tierra no podían comprender cómo era posible que actuaran de esa forma tan ignorante que les estaba conduciendo a la regresión, a la muerte.

Así estuvieron los hombres de la tierra en los valles, viviendo una vida pacífica, feliz, y esperando a recibir la iluminación que los transformaría en un ser mayor. Pero el tiempo seguía pasando y la iluminación no ocurría. Algunos de ellos comenzaron a desesperar y a dudar de la palabra de los creadores y formadores. ¿Y si no ocurría? ¿y si la palabra de los creadores y formadores no era la verdad, y esa iluminación no sucedía nunca?

Mientras esos hombres dudaban recibieron noticias de que en la zona de las barrancas de la tierra se estaban reuniendo muchos de estos seres que caminaban errantes por la creación. Habían formado una ciudad. Intentaban formarse como hombres paralelos a los hombres de la creación.

Entonces se dejaron llevar por su energía nebulosa, por su mente. Y al hacerlo, comenzaron a desear encontrar fuera de sí mismos un yo superior al que unirse, desearon tener un dios o yo superior al que adorar, alguien externo al que rendir culto como si ellos fueran su sombra, alguien que les iluminara con la sabiduría, con la verdad; alguien que velara por ellos y ante el cual poder quemar incienso.

Pero eso no era correcto. El yo superior debía estar en su interior ya que de lo que se trataba era de completarse como hombres de la tierra y el cielo formando un ser mayor. Se equivocaron porque siguieron la tendencia de su energía nebulosa o mente. Demostraron ignorancia, porque el yo superior nunca está en el exterior, y la verdad y la sabiduría tampoco.

Una CIUDAD es algo negativo en la evolución. No significa una ciudad como las de hoy, sino un grupo de seres aislados que se juntan pero no se unen entre sí como un sólo ser. Cuando es correcto se dice una CASA, y significa seres que se han unido como uno sólo. El hombre forma una sola casa, un sólo ser.

Si se unen varias CASAS, tampoco es correcto, eso es también una ciudad, porque son varios intentos incorrectos de formarse como hombres. No todo lo que se une es correcto, ni las agregaciones tampoco. Ciudad, por tanto, significa muchos seres que no se han unido entre sí, y esa era la CIUDAD de la que oyeron hablar.

Los hombres de la tierra se dividieron por primera vez desde que fueron creados. Muchos hombres se quedaron allí, pero también fueron muchos los que se fueron caminando hacia esa ciudad de la que les hablaron. Estaba en La zona de las barrancas de la tierra, en el camino de Xibalbá. Tuvieron que andar mucho para llegar allí. Entre los que se marcharon estaban nuestros abuelos. Unos de ellos eran Balam Quiché, Balam Acab, Mahucutac e Iqui Balam, y estaban también los demás abuelos nuestros de los que no hemos dado el nombre.

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HUNAHPÚ VENCE A LOS SEÑORES DE XIBALBÁ Y REGRESA A LAS MONTAÑAS DE LA TIERRA:

Mientras sucedía esto, en Xibalbá el Hunahpú continuaba enseñando a los animales de Xibalbá a qué seres debían unirse correctamente, siempre acosado por los Señores de Xiabalbá Hun-Camé y Vucub-Camé, los Buhos, que intentaban matarlo.

Cuando vieron los Señores que no lo podían matar de ningún modo, hicieron un gran foso en la tierra, un horno. En él ardía el fuego de la tierra que Hun y Vuacb Camé habían unido al fuego de la madera. Llamaron al Hunahpú, y él supo que lo intentarían matar uniéndolo a los dos fuegos. Por ello, se separó en dos seres, Hunahpú-Acedera e Ibalanqué; y luego hablaron con unos espíritus de Xibalbá que eran hechiceros y consejeros de los Señores.

Les dieron instrucciones sobre lo que debían aconsejar a los Buhos, y así dispusieron lo que debían hacer con sus restos para que no los vencieran. Luego se acercaron al horno, se colocaron uno frente a otro con los brazos extendidos y se arrojaron juntos a la hoguera.

Al hacerlo unieron al fuego de la madera y de la tierra su CARNE, la energía luminosa de los espíritus de los animales de Ixbalanqué y la energía nebulosa de los espíritus del cereal de Hunahpú.

Con esto abrieron una línea que permitía evolucionar a los espíritus que estaban unidos al fuego de la madera y al de la tierra. Si actuaban correctamente podían conseguir la luminosidad de los animales de la tierra de Ixbalanqué y algunos espíritus de los cereales de Hunahpú.

Con ello al fin pudieron conectar toda la creación, porque lo que abrieron fue una línea para que todo lo creado pudiera evolucionar hasta ser hombre. Ese camino era el que permanecía cerrado al fracasar Humbatz y Hunchouen, ya que permanecieron como espíritus de los monos a pesar de que se les dieron cuatro oportunidades.

Los Señores consultaron con los hechiceros qué debían hacer con sus restos. Y estos siguieron las instrucciones de Hunahpú e Ixbalanqué. De este modo tomaron los principios de cada uno por separado. Mezclaron la energía nebulosa y luminosa de Ixbalanqué por una parte, y la energía nebulosa y luminosa de Hunahpú por otra parte. Luego los arrojaron al agua de las fuentes de los arroyos.

Los Buhos creyeron que así no resucitarían, pero los hechiceros que ayudaron a Hunahpú e Ixbalanqué sabían que esa era forma de hacer que resucitaran cuando la energía de ambos cayó por separado al fondo del arroyo.

Pasado un tiempo ambos se unieron por separado al agua y a las criaturas del agua. Ixbalanqué se unió al espíritu del agua de los arroyos y a los espíritus de los peces. Así completó su elemento tierra de Tepeu. Los pocos espíritus de los animales con que bajó a Xibalbá los había entregado al fuego, pero los demás espíritus de animales que lo formaban estaban guardados en el interior de Ixquic. Su apariencia cambió y ya no era la de un espíritu de jaguar sino la de un espíritu de las criaturas del agua.

Al mezclar los hechiceros la energía de Hunahpú, el espíritu de la Acedera y los espíritus de los cereales que eran más luminosos que la unión de los dos fuegos quedaron unidos como un sólo ser que, a su vez, se unió al espíritu del agua de los arroyos. Su apariencia también cambió, ya no era la de un espíritu de los cereales, sino la de un espíritu de las aguas.

Después de estar un tiempo en las aguas, Hunahpú e Ixbalanqué salieron y regresaron a Xibalbá. Al haber cambiado de aspecto los de Xibalbá no los reconocieron. Se hicieron pasar por hechiceros pobres. Bajo esa figura enseñaban a los espíritus de Xibalbá. Su enseñanza se basaba en que todos los seres debían unirse como un sólo ser estableciendo uniones correctas; y mostraban como ellos mismos estaban formados por un conjunto de seres agregados como uno sólo. Esto lo hacían para que los de Xibalbá comprendieran como evolucionar.

Los de Xibalbá oyeron hablar de ellos y los llamaron. Así los Señores quisieron que les mostraran si eso era cierto. Ellos se desagregaron, cada uno por separado, y se volvieron a unir como uno sólo. Los Buhos, Hun y Vucub Camé quisieron que les enseñaran a hacerlo, querían saber como se podían desagregar y volver a agregarse sus espíritus sin morir. Hunahpú e Ixbalanqué los desagregaron, pero no los volvieron a unir porque no estaban agregados de forma correcta; y así murieron quedando sus espíritus desagregados.

Todos los de Xibalbá se fueron huyendo a esconderse en las barrancas y las cuevas al ver que los Señores habían muerto; menos el espíritu de jaguar Cuchumaquic que era uno de los señores, el que había formado a Ixquic, que se se acercó a ellos, les dijo quién era y les pidió que le perdonaran la vida. Hunahpú e Ixbalanqué lo perdonaron.

Los espíritus de los insectos fueron en gran número a las barrancas y las cuevas y sacaron a todos los de Xibalbá que se habían escondido allí, y los llevaron ante Hunahpú e Ixbalanqué.

Hunahpú e Ixbalanqué les revelaron quienes eran realmente, porque hasta entonces nadie en Xibalbá lo sabía. Dijeron que eran los hijos de Hun y Vucub Hunahpú a los que los Señores habían matado. Entonces quitaron el antiguo poder a los de Xibalbá y les rebajaron su condición. Sólo serían elementales de las sombras; ya no tendrían poder sobre los hombres. Nada más les dejaron que tuvieran poder para dominar y enfermar a los hombres que actuaran incorrectamente.

Después fueron a ver a sus padres que estaban enterrados en la tierra del sacrificadero del juego de pelota donde habían cortado la cabeza del Hunahpú. Los espíritus de los cuerpos de sus padres estaban desagregados y unidos a la tierra de Xibalbá. Probaron a volverlos a agregar, pero ya no pudieron. Prometieron ante los restos de sus padres que ellos serían los primeros en levantarse, y que no se perdería su memoria.

Posteriormente subieron a la tierra a la zona de las montañas. Faltaba muy poco tiempo para que ascendieran al cielo interior y se unieran al hombre de la tierra.

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LLEGADA DE LOS HOMBRES A TULÁN:

La ciudad a la que llegaron los hombres de la tierra se llamaba Tulán, que significa “el lugar de las espadañas”. Para llegar a ella había que entrar por las cuevas de las barrancas de la tierra en dirección a Xibalbá. No estaba en los lagos de la tierra donde las espadañas fueron creadas, sino en el camino de Xibalbá donde Cuchumaquic había reunido a los espíritus de las espadañas después del diluvio.

De aquellas espadañas había tomado el espíritu de jaguar Cuchumaquic la energía luminosa de los lagos llamada corazón cuando formó a Ixquic. Por ello, las espadañas de Tulán ya no tenían energía luminosa; sólo nebulosa.

Luego había reunido todas las “sangres”, o energía luminosa de todos los animales muertos después del diluvio, y la había colocado dentro de la energía luminosa o corazón de Ixquic.

Ahora Cuchumaquic pretendía hacer lo mismo para formar un hombre, igual que había formado antes al espíritu femenino Iquic. Por eso juntó a todos los espíritus de animales en Tulán. Pero aquellos animales apenas tenían un poco de energía luminosa.

Entonces decidió constituirse a sí mismo como un hombre nebuloso y usurpar el lugar del hombre de la tierra y trató de formarse de la misma forma que había hecho a Ixquic. Los espíritus de los animales de Xibalbá le imitaron intentando ser ellos los hombres de la tierra. Todos deseaban lo mismo.

Con ello Cuchumaquic y los espíritus de los animales de Xibalbá siguieron el modelo de regresión de los gigantes Zipacná, el espíritu de los reptiles anfibios, el cocodrilo que había matado a los Cuatrocientos muchachos que iban a ser el hombre de la tierra.

Tulán era por tanto el dominio del espíritu de jaguar Cuchumaquic, que había sido uno de los Señores de Xibalbá junto a los espíritus de los Buhos. Se había convertido en el Señor de esa ciudad cuando el Hunahpú venció a los de Xibalbá y murieron Hun y Vucub-Camé. Hunahpú e Ixbalanqué le perdonaron la vida en atención a haber sido el formador de Ixquic, y el equivalente a Ixpiyacoc de la primera creación elemental.

Allí estaban reunidos los espíritus de Xibalbá más voraces y venenosos. Los espíritus de las aves carnívoras, los espíritus de los murciélagos vampiros, los espíritus de animales carnívoros, los espíritus de las serpientes venenosas, y los espíritus de los insectos venenosos. En resumen todos los seres de la creación que no habían evolucionado correctamente. Todo allí era tóxico, mortal para el hombre, y no debía formar parte de él. Pero los hombres de la tierra, guiados por su energía nebulosa, o mente, actuaron de forma incorrecta e ignorante.

Eran muchos los hombres de la tierra que llegaron hasta Tulán con sus mujeres, y con sus hijos que eran las tribus de hombres que habían engendrado. Habían andado mucho hacia el Occidente hasta llegar a Tulán siguiendo a su energía nebulosa. Occidente significa hacia el exterior de la tierra y hacia el exterior de uno mismo.

Todo lo contrario de Oriente, que significa el interior de uno mismo o el interior de la tierra en la zona de las montañas, que es el lugar más cercano al centro o cielo de esa tierra en donde se hallaba el espíritu de la naturaleza Ixmucané. Oriente era el lugar desde donde subiría el sol, el Hunahpú, el hombre interior.

La energía nebulosa es lo que nosotros entendemos como “MENTE”, la energía luminosa es el “SER”. La tendencia de la mente siempre es hacia Occidente, hacia el exterior de uno mismo o de la tierra. Pero al yo superior que fueron a buscar a Tulán debían haberlo buscado con el ser, en su interior. Se equivocaron por seguir a su mente en lugar de seguir a su ser hacia el interior de sí mismos y de la tierra.

Cuando llegaron encontraron a muchos seres antiguos, distintos, que ellos jamás habían visto. Los había de muchas clases y de muchas lenguas. Lenguas significa creencias falsas, órdenes del mundo falsos fabricados mediante la mente nebulosa que no puede tener acceso a la verdad. Es lo opuesto a “una sola lengua”, que es “la palabra”, la verdad sobre la creación como un único ser humano.

Todo les parecía asombroso sólo porque era distinto a lo que conocían. Pero en realidad eran los espíritus que no habían evolucionado. Los espíritus de los animales carnívoros, de animales venenosos, de insectos venenosos, etc, que se habían agrupado allí para intentar formarse como hombres. Su energía nebulosa o mente les perdió. Podían haber hecho caso a su ser o energía luminosa que tenían en el corazón, pero no lo hicieron. Se dejaron llevar por aquellas nuevas pasiones que afloraban en ellos y nunca habían experimentado.

Cuando los espíritus de los animales y genios de Tulán les vieron llegar se felicitaron, pues supieron que podrían apoderarse fácilmente de la energía luminosa de esos hombres de la tierra. Podrían tener al fin la posibilidad de ser hombres.

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NUESTROS ABUELOS BALAM QUICHÉ, BALAM ACAB, MAHUCUTAH E IQUI BALAM SIGUEN EL MODELO DE HUMBATZ Y HUNCHOUEN:

Entre los hombres que llegaron a Tulán había una generación de hombres formados y otra de hombres engendrados por ellos y sus esposas. Los hombres formados no eran el hombre completo. El hombre completo eran sus hijos, porque reunían en sí mismos la naturaleza de los hombres formados y la naturaleza de las mujeres del cielo.

Balam Quiché, Balam Acab, Mahucutah e Iqui Balam, pertenecían a la generación de hombres formados que no tenían en sí la naturaleza de las mujeres del cielo; sus hijos si la tenían. Habían dejado de usar su corazón, su ser, al llegar a Tulán. Y su corazón era la parte de energía luminosa o ser que hubiera podido guiarlos al estar formado por los espíritus de las espadañas y de los cereales más luminosos.

Sabían que no debían estar allí, sabían que estaban haciendo lo que antes criticaban en los seres errantes que caminaban sin rumbo por los montes. Pero se dejaron llevar por las pasiones mentales de su energía nebulosa y comenzaron a sentir envidia del destino de sus propios hijos, de las tribus de hombres que habían engendrado tanto ellos como los demás hombres formados.

Tomaron el modelo de Humbatz y Hunchouen, que eran soberbios y odiaron y envidiaron a su hermano Hunahpú-Ixbalanqué, regresando en la evolución hasta transformarse en espíritus de los monos.

Muchos de los hombres que habían llegado a Tulán escucharon a su corazón y comprendieron que se habían equivocado. Entonces se arrepintieron de haber ido a ese lugar, y se volvieron hacia el Oriente de donde habían venido, para unirse de nuevo a sus hermanos correctamente.

Pero muchos otros hombres permanecieron allí y entraron en contacto con los espíritus de animales de Tulán. Estos abuelos nuestros de los que hemos dado el nombre entraron en contacto los primeros con el espíritu del jaguar Cuchumaquic, el Señor de Tulán. Tanto Balam Quiché, Balam Acab, Mahucutah e Iqui Balam, como el espíritu de jaguar Cuchumaquic, deseaban ser superiores al hombre engendrado de la tierra.

Cuchumaquic estableció con ellos una alianza, un pacto. Mediante esta alianza, Balam Quiché, Balam Acab, Mahucutah e Iqui Balam, y el espíritu del jaguar se unieron entre si. Pero la ALIANZA significó lo contrario de una unión como un sólo ser. Era sólo un pacto que no tenía más objeto que defender intereses y ambiciones egoístas comunes, y se estableció en perjuicio del resto de sus propios hermanos e hijos, los hombres formados y engendrados de la tierra.

Cuchumaquic, con ayuda de Balam Quiché, Balam Acab, Mahucutah e Iqui Balam, cambió su naturaleza y se llamó TOHIL. Y estos abuelos nuestros con ayuda de Tohil cambiaron su naturaleza. Fue entonces cuando ganaron los nuevos nombres que hemos citado, Balam Quiché, Balam Acab, Mahucutah e Iqui Balam. En el próximo post explicaremos como fue la transformación que sufrieron ambos. Y cómo ese cambio de naturaleza supuso que cambiara también la naturaleza del resto de nuestros abuelos y padres; y por supuesto, también la nuestra.

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